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Para que nada se olvide

El hoy puede ser muy distinto del ayer (I)

8, 25 de 2005-10-25 de 2005
Me gusta remover papeles, fotografías ... recuerdos. Me gusta trasladarme a otras épocas de mi vida, para recordarlo todo, para que nada se olvide. Yo soy el ayer, el hoy y el mañana. Ayer, a veces, sufría más a menudo que hoy. Uno de los textos que he encontrado removiendo mis papeles ha sido el siguiente:

Recuerdo un tiempo en el que las horas me regalaban mucho más de una vuelta a la circunferencia del reloj, un tiempo en el que los días daban de sí como la goma elástica de una caja de zapatos. Un tiempo de calma, inquietud, emoción, risas y lágrimas presentes, sin un pasado y un futuro agobiante, porque quedaba demasiado lejos. Una época de pura libertad, en la que no era esclavo del tiempo, dueño de mi vida porque mi vida era el hoy, el ahora, y eso siempre me pertenece. Ahora vivo con auténtico pavor la llegada del mañana, porque será igual al hoy, y el hoy supura amargura, latidos artificiales y acelerados del corazón, que animan una vida que no es mía, de la que no soy dueño, sierva del tiempo que huye. Y con él mi esperanza.

Se acaban las escusas, los motivos por los que seguir mordiendo el anzuelo que me mantiene atado a este mundo. El anzuelo se ha clavado en mi alma, la desgarra, la abre y derrama mi esencia vital sobre la gran cloaca.


Lo escribí el 25 de Octubre de 2003.

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