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Para que nada se olvide

20 años de Recuerdos

12, 23 de 2005-11-23 de 2005
Ocurre a veces que volvemos a otro espacio y otro tiempo, para revivir experiencias o épocas de nuestras vidas en las que, por el motivo que sea, disfrutamos con plenitud de la realidad que nos rodeaba. Una de estas épocas, cómo no, es la infancia.

El Domingo volví a Herrera de Alcántara. Hacía 20 años, desde que salimos del pueblo buscando otro destino, que no lo visitaba. Mi recuerdo, a pesar de estos 20 años, siempre permaneció nítido y puro.

Qué sensación, dios mío, al entrar por la vieja carretera jalonada por 2 enormes tinajas, las mismas tinajas de entonces. Qué emoción al ver el mismo paseo poblado por unos pocos bancos de hierro forjado, los mismos bancos de entonces. Qué bullir, qué sorpresa, qué cosquilleo celular al llegar a la explanada con la vieja escuela, el ayuntamiento, las casas de los maestros ... la misma escuela, el mismo ayuntamiento, las mismas casas. Caminé calle abajo y vi mi casa. Mi casa. Exactamente igual a como yo la recordaba, el mismo patio, el pozo al pie del naranjo, los nidos de golondrina en el ángulo de las cornisas, el kiosko a unos pocos metros, la tienda de golosinas, la calle por la que correteaba con mis amigos, las ventanas por las que asomaban nuestras madres a llamarnos cuando caía la noche... todo igual a como yo lo recordaba. A unos 50 metros de mi casa, el estanco; un poco más abajo, la torre del reloj y a su lado el bar de Puri; junto a la Iglesia, la tienda de golosinas de la anciana "María Carrera" ... nada había cambiado.

Recordé el día en el que le pedí a mi hermano que me quitara los patines de la bicicleta, porque ya no los apoyaba en el suelo. Recordé cómo me gritaba que tuviera cuidado cuando salí zumbando con la bici cuando desatornilló los patines. Recordé el día en que mi madre y yo saltamos la valla de entrada a nuestra casa porque habíamos olvidado la llave de la puerta. Recordé los gustanitos de naranjito de a 5 pesetas, los helados de menta de a 15, los palotes y los peta-zetas.

Me emocioné como hacía tiempo que no lo hacía, y dí gracias al responsable de esta vida por haberme regalado esos momentos tan felices. Recordé que, a pesar de todo y aunque sólo sea por la infancia, el mejor de los regalos, digo que recordé ... ¡qué bello es vivir!

Comentarios

  1. KD dice:

    ¡Qué bonita la nostalgia!. Que suerte tienes de haber vuelto al pueblo de tu infancia y habértelo encontrado como lo recordabas... Yo no he tenido esa suerte.
    Pero mirate... pareces el niño de "cuentame..." rememorando su infancia con los ojillos de la inocencia perdida... JUAS!
    Nah, bromas a parte, es bueno volver a un lugar y un tiempo en que todo era más sencillo, sobre todo si lo que ves y sientes te hace recordar que vivir es bello. ;)

  2. Kwin dice:

    Jo, chis, si es que casi me emociono yo al leerlo :)
    Qué bonito!
    Como humanos tendentes a la felicidad que somos, normalmente sólo recordamos las cosas buenas que nos han pasado y los momentos de felicidad. Y así debe ser, que para sufrir ya tenemos el presente. Seamos felices al menos en el pasado.

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